Discursos de Bienvenida – Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal, Presidente honorífico de la RIET
(Asociación para el Desarrollo de Solentiname)

Ernesto CardenalUna gran preocupación de hoy es el creciente distanciamiento entre las Humanidades y la Ciencia. Y también entre las diversas áreas de ellas dos, de manera que el saber humano tiende a dispersarse. Así tenemos, por ejemplo, que la economía y la ecología están separadas, y predomina la economía.

El inglés Edward O. Wilson, que es biólogo y filósofo, en su libro The Unity of Knowledge expone la necesidad de la unificación del conocimiento humano, y aboga por un reencuentro de la Ciencias y las Humanidades, que nos permita reconciliarnos con nosotros mismos y con el planeta que habitamos y estamos destruyendo.

Las diversas formas de violencia, individual, social, económica y contra el medio ambiente, son por la fragmentación de nuestra visión del mundo, que nos impide convivir con nuestros semejantes y respetar la vida en su diversidad de formas, ignorando las antiguas sabidurías no-occidentales y las indígenas de nuestra América.

La única salida es una nueva cultura integradora y planetaria, que unifique las Humanidades y las Ciencias. Los escritores en cuanto comunicadores de mensajes son indispensables en esta unificación de las Humanidades y las Ciencias, y por eso han sido convocados aquí escritores y científicos para este encuentro en defensa de la Tierra.

A todos no ha reunido aquí un mismo espíritu, que es el de la solidaridad con el ambiente. Se necesitan nuevas relaciones con la creación. Y hace poco leí en una revista que “Utopía no es sinónimo de irrealizable”.

En este planeta azul, en esta nave espacial en que vamos todos, se necesita un cambio de ética. De la ética de la explotación a la ética de preservación. O como dijo el filósofo-mártir, el jesuita Ellacuría: “Lanzar la historia en otra dirección”. No vamos a renunciar al progreso, pero queremos un progreso menos desigual, pues el desastre del medio ambiente se debe a dos extremos: la miseria y el despilfarro. Indira Gandhi dijo que la pobreza era la mayor contaminación ambiental, y lo es, pero también el despilfarro.

La economía no puede estar ausente de la preocupación ecológica. Después de todo, “economía” y “ecología” son palabras muy parecidas. La economía tiene que ver con la vida, y la ecología también. Si la pobreza causa la contaminación del medio ambiente, para salvar el medio ambiente debemos también erradicar la pobreza. Como ha dicho el teólogo Leonardo Boff: “La Tierra sangra especialmente en su ser más singular, el oprimido, el marginado y el excluido”. En Estados Unidos se levantó un mapa del país con los lugares de más problemas ecológicos, y otro mapa con los lugares de más pobreza, y los dos mapas coincidieron.

La naturaleza tiene valores éticos, no por lo que pueda ser útil al hombre sino por lo que ella vale en sí misma. El teólogo y geólogo Thomas Barry dice que destruir una especie biológica es silenciar para siempre una voz de Dios. Y William Blake: “Todo lo que es vivo es sagrado”.

Debemos tomar en cuenta la espiritualidad de los indígenas, los primeros habitantes de este continente, porque nos pueden enseñar mucho en cuanto a la armonía con la naturaleza y su preservación.

Los niños ahora tienen más sensibilidad para el medio ambiente. Ya nacen con ella. Los niños también deberán guiarnos.

La mística Hildebranda de Bingen profetizó hace ochocientos años que si el hombre abusaba de la naturaleza la justicia de Dios permitiría que la naturaleza lo castigara. Y James Lovelock, el de la teoría de Gaia (que el planeta Tierra es un solo ser vivo todo él), acaba de escribir un artículo que dice que ha sido el más difícil de su vida, en el que afirma que la Tierra está gravemente enferma, está empezando a tener una fiebre que puede durar 100.000 años, y también hay el riesgo de que entre en estado de coma.

Lo que estamos haciendo con el ozono, con la selva tropical, con la tierra y con el agua, con el calentamiento del planeta, según algunos científicos, si no lo paramos dentro de 40 años ya será tarde. Hay otros que dicen que sólo faltan 20 años para que el daño sea irreversible. Hace dos años a los habitantes de una islita cerca de Nueva Guinea hubo que sacarlos de allí porque ya estaba siendo cubierta por el mar.

En los Estados Unidos se ha reportado que los huracanes de la Categoría 4 y la Categoría 5 se han duplicado en los últimos 30 años, debido al calentamiento global. El año 2005 ha sido el más caliente desde que se empezó a llevar la cuenta a fines del sigo XIX.

La polución ya no es un fenómeno local. El DDT se ha encontrado en los pingüinos del Ártico y en todos los peces del mar. El problema ecológico es global, y global debe ser su solución.

Nicaragua está destrozada, y lo mismo estarán los demás países de ustedes, unos más y otros menos. Nuestros paisajes están siendo convertidos en basureros. Una vez yo estaba en Italia frente al Mediterráneo, por la zona de Lucca, y quise caminar hasta el mar, pero no pude porque la arena era pura basura: botellas de todo tipo, plásticos de toda clase, zapatos, llantas, infinidad de cosas entre las que no se podía dar un paso. No supe si todo eso llegaba de Génova, situada al norte, o de la costa africana de enfrente.

El océano se había mantenido con su agua pura por cuatro billones de años. Toda materia orgánica que en él se descompone se recicla y vuelve a ser nueva vida, y lo que se evapora y se convierte en nubes es sólo agua pura que regresa a la tierra. Pero no ocurre así con las moléculas modernas que el hombre produce en sus laboratorios: son indigeribles, no se degradan, y quedan almacenadas en las células. Pasan al plancton y son comidas por los moluscos, crustáceos y peces, y se acumulan en concentraciones cada vez mayores hasta llegar a nuestras cocinas. Aunque entren en la cadena de alimentación, no son digeridas nunca ni degradadas, y el mar está siendo cada vez más sucio.

Enzo Tiezzi, catedrático de Química Física de la Universidad de Siena, y que está aquí presente con nosotros, en su libro La belleza de la Ciencia describe ese hecho misterioso de cómo dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, incoloros e inodoros, se juntan y forman la molécula de agua de la que estamos hechos casi por completo. Y yo me pongo a pensar en cuánta belleza hay en nuestro planeta azul por esa agua. Como por ejemplo la belleza de Solentiname reflejándose en el agua las islas y el cielo.

El científico y famoso explorador noruego Thor Heyerdahal (el del Kon Tiki), encontró muy adentro del Sahara, como a 1.000 kilómetros de la costa, dibujos en las rocas de hace cinco mil o seis mil años, en los que se ven gentes remando en barcas de juncos, cazando hipopótamos y otros animales de la selva. Cuando llegaron los griegos y romanos a África del Norte era un continente selvático. Y nos recuerda también Heyerdahal que la Biblia colocó al paraíso en Irak, donde se juntan el Tigres y el Éufrates, lo que ahora es un desierto. En las excavaciones que se han hecho allí en las dunas se han encontrado tiestos de cerámica en los que aparecen árboles, animales selváticos y embarcaciones fluviales cargadas de madera.

Digo para terminar que hemos despalado el paraíso. Se ha privatizado la Tierra Prometida. Pero los escritores y científicos reunidos en este encuentro en Granada y Solentiname tendrán algo que decirnos.

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